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sábado, 29 de outubro de 2022

La podredumbre de las instituciones en un régimen post-fascista

Las sociedades de hoy sufren los efectos da nefasta presencia de las clases políticas y del capitalismo como nefasto modelo de organización social, económica y política. Es urgente cambiar, además. Por los vientos de guerra que abalan nuestras vidas.

Sumario

1 – Fascismo y post-fascismo, la misma lucha

2 - El modelo de representación

3 – Ideas sumarias para la creación de un modelo de representación democrático

4 - Un cuadro geopolítico democrático

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1 – Fascismo y post-fascismo, la misma lucha

La prensa, en general, invade las consciencias con banalidades o distorsiones de la realidad; utiliza, sobre todo, el impacto, la novedad introducida por los heraldos televisivos o por los papagayos del régimen, tomados como fuentes de información y de profundos análisis de la realidad.

La prensa, en general, es conservadora; mantiene una conexión íntima, osmótica, con el poder político, con ligeras alteraciones, de acuerdo com los intereses de las bandas partidarias que, en un momento dado, toman el producto del saqueo fiscal. Los partidos políticos, en tanto oligarquías, nada tienen de democráticos, ya sea en el plano interno, o por la forma en como se relacionan con la plebe; y, tal como la prensa, están subordinados a los altos poderes económicos. La prensa y las clases políticas constituyen los elementos esenciales para una lobotomia general, tanto para la manutención de un régimen fascista como de un modelo post- fascista, aunque sea corta la diferencia entre los dos modelos.

Asistimos, ocasional y recientemente, a la visualización, durante algunas horas, de un canal de televisión; y eso fue un aprendizaje interesante que nos permitió observar que, entre publicidad, banalidades, imbecilidades y muchas repeticiones, las cadenas televisivas son una verdadera basura; o se muestran como réplicas actuales del Big Brother, un distanciado ente que obligaba a las personas a sorber de la teletela la programación definida por el poder.

Esa basura, sin embargo, es un elemento esencial para la desinformación y la imbecilización que mantiene a la población reaccionaria, ignorante, mansa y resignada; y, que contribuye  decisivamente para colocar a Portugal como el país mas pobre y menos instruido de la Europa Occidental o de toda Europa. Tal como en el tempo del fascismo, la información en el post-fascismo es filtrada y manipulada por el poder político.

Durante el régimen fascista la mayor parte de la emigración era constituida por la población mas pobre y menos instruida. El régimen post-fascista de matriz PS/PSD creó una nueva situación – exporta gente cualificada e importa personas de las antiguas colonias africanas, así tambien como a brasileros/as para las funciones menos exigentes y mas mal pagas, generando así, en aquellos, una presión general para sostener bajos salarios y aumentar la precariedad; sin olvidar el elevado precio de la vivienda que vuelve a la población dependiente de los humores de los bancos.

Recordemos además que el endeudamiento bancario soporta también un parque automotriz – poco adecuado a los ingresos portugueses – y, que provocó extrañeza a los hombres de la troika, en las épocas de su intervención en Portugal. En el momento presente, después de un

período de estancamiento de ingresos y de trabajo, como el de los/as pensionistas, surge otra era en que la inflación – con origen el la “campaña” ucraniana – va a reducir los ingresos reales del trabajo y aumentar las dificultades frente a la deuda contraída para la vivienda.

El discurso político varía entre la propaganda emanada por el vector de la clase política en el gobierno, contenida en sus dichosas acciones, promesas y mentiras y, el alarmismo de la oposición, frente a los desmanes que a la gobernación le son imputados con o sin razón. Mantiene actitudes de actuación, de distorsión mediática, contribuyendo para la consolidación de la situación portuguesa del país con uno de los más bajos niveles de educación de Europa y elevados niveles de abandono escolar.

Claro que la plebe fluctúa mas o menos acéfala, dando la mayor profundidad analítica al fútbol. Para que ese conservadurismo, esa resignación se basen en la consciencia de la plebe, nada mejor que cinco horas diarias de TV; o, con mantener la nariz bien cerca del telemóvil, pieza omnipresente en todas partes, en todos los momentos libres.

La vacuidad de la clase política se compagina con el ejercicio da punción fiscal, con el cobro corrupto a través de un despacho favorable, un subsidio a una empresa o la entrega de millones para un tal Zelensky, de acuerdo a lo ordenado por la Casa Blanca a los subordinados avatares de la UE, incluyendo a Costa, el monitor del luso prostíbulo.

Las elecciones no pasan de carnavales electorales en las cuales nada sucede de relevante para el bienestar de la plebe; los cambios del club electoral, cuando existen, nada traen de nuevo. Se muestran somnolientas rutinas, aunque las televisiones efectúen procedimentos incentivadores de diferencia, de hecho, poco visibles entre los competidores.

La sucesión de fait-divers, del vertido de banalidades con aire grave, emanadas de los grupos de los medios masivos, constituye el paisaje abierto para la multitud que, de hecho no cree nada, pero que se refugia en su pequeñez, en una cómoda impotencia – o destino - para a aceptación, como dato incuestionable e inapelable, de las últimas banalidades provenientes de la clase política.

Decir que hay una soberanía popular es una grosera mentira porque, en cada país, las decisiones emanan solo de la clase política y de todos aquellos que en el mundo empresarial ésta representa. Entre la classe política y el empresariado rige una constante ósmosis; es decir, ambas camadas se funden en lo esencial para la prosecución de sus intereses, repartiendo el producto del saqueo de la población y, colocando a ésta en permanente estado de letargo político.

Esas decisiones envuelven, por lo general, un órgano corporativo, en el ámbito de una concertación social, donde participan los dignatarios del régimen a través de siglas tan poco respetables como escasa es su representatividad; ni la patronal, ni los sindicatos y, menos aún, un fantoche referido como UGT pasan por ser estructuras verdadeiramente representativas. Un mundo de fantasmas al cual los medios massivos prestan una falsa relevancia.

Se vive en un país del “haz de cuenta”, donde el vacío es enmascarado con siglas. Ese vacío se presenta en el actual régimen post-fascista, tal como surgía durante el fascismo, cuyas instituciones se derritieron rápidamente después del 25 de Abril pues, en realidad, no pasaban de simples siglas; fuesen las corporaciones patronales, con designaciones largas y pomposas, fuesen las instituciones que se dicen sindicales (salvo algunas excepciones que surgieron durante la llamada “primavera marcelista”).

El Estado y los medios masivos son los que dan sustancia a la classe política, con entrevistas, fotos, comentarios, debates y la presencia en las noticias de sus contenidos vacíos, frases tontas y repetidas; la corbata los eleva, les da el estatuto de dignatarios, de mandarines. La intervención en el tiempo del fascismo era semejante pero no era tan frecuente, ni los mandarines tenían la notoriedad mediática de hoy; eran más discretos, les gustaba más mostrar obras, aprovechar inauguraciones, cortes de cintas, con la claque de los dignatarios para aplaudir; y claro, también se metían algo en el bolsillo...

Salazar y Caetano hacían pocos discursos pero eran pensados y coherentes; los toscos elementos de la clase política del post-fascismo son apenas papagayos ávidos de tiempo de antena, de la presencia de un micrófono o cámara de la prensa (tan prostituida hoy como durante el régimen fascista) – aunque sea en el diario de la parroquia – para ganar alguna notoriedad.

Actualmente, los diputados y diputadas de la parroquia desean cumplir tras mandatos en el areópago de S. Bento (12 años) para acceder a una remuneración interesante hasta el final de la vida; y por suerte o adulación, pueden acceder a un cargo gubernamental o inclusive ingresar en una empresa interesada en tener en su seno un informador del medio empresarial próximo y un puente para el ambiente gubernamental.

Actualmente esa gente se limita a las palabras vacías, centrándose en un discurso economicista entre inversiones, porcentajes del PIB, inflación, empleo/desempleo, atentos a lo que sopla desde la UE a fin de presentar un anclaje aceptable para su discurso. A esos elementos se unió recientemente la referencia constante a Ucrania y la guerra que asola el país, cuyo conocimiento en Portugal pasó, de prácticamente nulo a totalmente distorsionado, de acuerdo con la visión del Pentágono y del ausente Biden.

Sólo alguien muy distraído, ignorante o con propensión a la corrupción podrá tomar como democrático, el modelo vigente de representación, típico de lo que llamamos “democracia de mercado”.

Las situaciones que contemplamos en aquella definición se basan en un cuadro en que hay una clase política, cerrada, constituida por grupos partidarios que compiten entre si por lugares que se dicen de representación de la población; lo que es una total falsedad, a lo que más adelante nos referiremos. Se fija también, un cuadro en que la clase política funciona como un grupo cerrado que controla la masa fiscal y, que amontona a sus miembros en cargos públicos para el desempeño de acciones de lobbying, junto al empresariado, en una total promiscuidad público-privada.

A presencia en la Asamblea de la República de gente de varios partidos incluye una rígida jerarquía. Todo se centra en el partido-estado PS/PSD, siendo los restantes, participantes secundarios, animadores del espectáculo. Estos últimos ni siquiera cumplen la rutina de caudatários en un cortejo; son solamente, las plumas que adornan los sombreros de los/as oligarcas y que representan frente a la plebe la falsa esperanza de que puedan alterar alguna cosa en el putrefacto y tradicional statu quo del país mas pobre y, con menos instrucción de la Europa Occidental, como anteriormente mencionamos. La consolidación de la situación vigente en las últimas décadas condujo a que en los campeonatos electorales se revelen márgenes enormes de abstención, por parte de cuantos tienen consciencia de la inutilidad práctica de participar en las liturgias escenificadas para la perennidad del régimen post-fascista.

2 - El modelo de representación

El régimen copió un modelo de representación indirecto. El electorado vota partidos que, previamente, se encargan de organizar y presentar listas partidarias. Los elencos de esas listas – en los partidos mayores- contemplan la elección efectiva de los primeros candidatos pero, conveniencias varias conducen a que los figurantes en la AR, sean esencialmente individuos de segunda línea; y eso, porque los elementos de primera opción, pueden ser incluidos en el gobierno, transitar para otras funciones, privadas, autárquicas, parlamento europeo, gobierno,

etc. El elenco final presente en la AR está lejos de corresponder a los individuos electos, pues muchos/as emigran para otras funciones, quedando en la AR una gran parcela de cooptados/as de segunda linea.

El modelo vigente es profundamente oligárquico, toda vez que un individuo aislado, no tiene posibilidades de competir por un lugar de representación de las personas que viven en su circunscripción electoral; tendrá siempre que postularse a través de un partido que, naturalmente, es el elemento ineludible para esa candidatura. Y como los partidos son estructuras fuertemente jerárquicas, con liderazgos bien firmados, cualquier candidato tendrá siempre que encuadrar en una lista, después de un acto de sumisión ao gauleiter partidario.

3 - Ideas sumarias para la creación de um modelo de representación democrática

a) Cada residente tiene el derecho de voto y de ser votado/a, para cualquier instancia de representación. Cada extranjero/a después de cinco años de residencia en el país puede, igualmente, postularse a cualquier cargo de representación.

b) Cada electo/a tiene una limitación para el número de mandatos; digamos, dos mandatos. No creemos conveniente ni democrática una carrera política; hay, pues, que garantizar una representación abierta a todos/as y no un funcionalismo duradero para unos/as pocos/as.

c) No se admiten listas de candidatos/as para cualquier función de representación porque constituyen una puerta abierta para connivencias y constitución de mafias. Habrá apenas candidaturas individuales integradas en órganos plurales, por tempo bien determinado.

d) Cualquier representante electo/a puede ser dimitido/a por referendo entre los/as electores/as de la circunscripción que lo/la eligió;

e) Total ausencia de privilegios e inmunidades para los/as electos/as; apenas el derecho a una remuneración adecuada y el pago de los gastos en las funciones desempeñadas;

f) La representación externa y formal del país cabe al Presidente o Presidente de la Asamblea de la República, con la extinción de la función de presidente/a de la República;

g) Las y los miembros del gobierno son escogidos/as entre los/as electos/as para la Asamblea de la República, que se mantendrán como diputados/as, con derechos y obligaciones como todos/as los/as otros/as;

h) Los lugares en la Administración Pública son completados por concurso y sus ocupantes no pueden ser expulsados por el gobierno, a no ser en casos de crimen o falta grave, con la decisión final de la justicia.

i) El referendo es un instrumento democrático de decisión, con previa discusión pública y, por iniciativa de la población - a nivel local, municipal, regional o nacional.

4 - Un cuadro geopolítico democrático

a) Unión de los pueblos de Europa, sin fronteras, taras aislacionistas o hegemónicas.

La creación de los estados-nación, en Europa (siglos XVI/XVII), correspondió a la necesidad de las respectivas burguesías de garantizar la seguridad en la frontera y la aceptación por los respectivos pueblos de la superioridad política y económica de sus capas mas ricas. Esas camadas privilegiadas creyeron tener el derecho de exigir al pueblo – en nombre de la patria – un esfuerzo de guerra, con la incorporación en la tropa y, la aceptación de un himno y una bandera como instrumentos de integración del pueblo, a las órdenes del poder político y económico.

b) Se pretende una Europa con vocación para la satisfacción de las necesidades de sus pueblos y no para el “mercado”; y, con lógicas de solidaridad y no de competencia, fuera de la tutela de potencias hegemónicas o de la paranoia del crecimiento infinito del PIB.

c) Las decisiones sobre las necesidades colectivas deben ser tomadas directamente por los/as interesados/as y no emanadas de directorios partidarios.

d) La exclusión frente a todas las alianzas militares, con la concomitante extinción de las Fuerzas Armadas exige apenas, en el cuadro actual, la existencia de medios para el control de la Zona Económica Exclusiva.

Sólo alguien muy distraído, ignorante o, con propensión a favoritismos corruptos podrá suscribir como democrático, el típico modelo de representación a la que llamamos “democracia de mercado”. Las situaciones que contemplamos en esta definición se basan en un cuadro en que hay una clase política, constituida por grupos partidarios que compiten entre si por lugares llamados como “representación de la población”, lo que es una total falsedad. Un individuo, aislado, no tiene posibilidades de postularse a un lugar de representación de las

personas que viven en su circunscripción electoral. Se pretende un sistema oligárquico en que muchos pagan para que unos pocos gocen la fiesta y aún lleven aperitivos para casa.

 

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quinta-feira, 20 de outubro de 2022

A podridão das instituições num regime pos-fascista

As sociedades de hoje sofrem os efeitos da nefasta presença das classes políticas e do capitalismo como nefasto modelo de organização social, económica e política. É urgente mudar, além do mais, pelos ventos de guerra que abalam as nossas vidas. 

Sumário

1 – Fascismo e pós-fascismo, a mesma luta 

2 - O modelo de representação

3 – Ideias sumárias para a criação de um modelo de representação democrático

4 - Um quadro geopolítico democrático

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 1 – Fascismo e pos-fascismo, a mesma luta

A imprensa, em regra, invade as consciências com banalidades ou distorções da realidade; utiliza, sobretudo, o impacto, a novidade introduzida pelos arautos televisivos ou pelos papagaios do regime, tomados como fontes de informação e de aprofundadas análises da realidade.

A imprensa, em regra, é conservadora; mantém uma ligação íntima, osmótica, com o poder político, com ligeiras alterações, de acordo com os interesses dos gangs partidários que, num dado momento, assumem o produto do saque fiscal. Os partidos políticos, enquanto oligarquias, nada têm de democráticos, quer no plano interno, quer na forma como se relacionam com a plebe; e, tal como a imprensa, estão enfeudados aos altos poderes económicos. A imprensa e as classes políticas constituem os elementos essenciais para uma geral lobotomia, para a manutenção de um regime fascista como de um modelo pos-fascista; embora seja curta a diferença entre os dois modelos.

Assistimos, ocasional e recentemente, à visualização, durante algumas horas, de um canal de televisão; e isso, foi um ensinamento interessante para observarmos que, entre publicidade, banalidades, imbecilidades e muitas repetições, as cadeias televisivas são uma verdadeira lixeira; ou, mostram-se como réplicas atuais do Big Brother, um distanciado ente que obrigava as pessoas a sorver na teletela, a programação definida pelo poder.

Essa lixeira, contudo, é um elemento essencial para a desinformação e a imbecilização que mantêm a população, reacionária, ignorante, mansa e resignada; e, que contribui decisivamente para colocar Portugal como o país mais pobre e menos instruído da Europa Ocidental ou mesmo, de toda a Europa. Tal como no tempo do fascismo, a informação no pós-fascismo é filtrada e manipulada pelo poder político.

Durante o regime fascista a maior fatia da emigração era constituída pela população mais pobre e menos instruída. O regime pos-fascista de matriz PS/PSD criou uma nova situação - exporta gente qualificada e importa pessoas das antigas colónias africanas, bem como brasileiros para as funções menos exigentes e mais mal pagas, gerando assim, naqueles, uma pressão geral para o baixo salário, para a precariedade; sem esquecer o elevado preço da habitação que torna a população dependente dos humores dos bancos.   

Recordemos ainda que o endividamento bancário suporta também um parque automóvel – pouco adequado aos rendimentos portugueses – e, que provocou estranheza aos homens da troika, quando da sua intervenção em Portugal. No momento presente e após um período de estagnação de rendimentos, do trabalho, como dos aposentados, surge uma outra era em que a inflação – com origem na “campanha” ucraniana - irá reduzir os rendimentos reais do trabalho e aumentar as dificuldades perante a dívida contraída para a habitação.

O discurso político varia entre a propaganda emanada pelo vector da classe política no governo, contida nas suas ditosas ações, promessas e mentiras: e, o alarmismo da oposição, perante os desmandos que à governação são imputados, com ou, sem razão. Mantêm atitudes de fingimento, de distorção mediática, contribuindo para a consolidação da situação portuguesa de país com um dos mais baixos níveis de educação da Europa e elevados níveis de abandono escolar.

Claro que a plebe flutua mais ou menos acéfala, dando a maior profundidade analítica ao futebol. Para que esse conservadorismo, essa resignação se alicercem na consciência da plebe, nada melhor do que cinco horas diárias de TV; ou, com a manutenção do nariz bem perto do telemóvel, peça omnipresente em toda a parte, em todos os momentos livres.

A vacuidade da classe política compagina-se com o exercício da punção fiscal, com a cobrança corrupta através de um despacho favorável, um subsídio a uma empresa ou ainda, a entrega de milhões para um tal Zelensky, conforme ordenado pela Casa Branca aos subservientes avatares da UE, incluindo Costa, o monitor do luso prostíbulo.

As eleições não passam de carnavais eleitorais nas quais nada sucede de relevante para o bem-estar da plebe; as mudanças de clube eleitoral, quando existem, nada trazem de novo. Mostram-se sonolentas rotinas, mesmo que as televisões procedam a procedimentos incentivadores de diferenças, de facto, pouco visíveis, entre os concorrentes.

A sucessão de fait-divers, do despejo de banalidades com ar grave, emanadas dos grupos de media, constitui a paisagem aberta para a multidão que, de facto, não acredita em coisa alguma, mas que se refugia na sua pequenez, numa cómoda impotência – o fado - para a aceitação, como dado insofismável e inapelável, das últimas banalidades provenientes da classe política.

Dizer-se que há uma soberania popular é uma grosseira mentira porque, em cada país, as decisões emanam apenas da classe política e de quantos, no mundo empresarial aquela representa. Entre a classe política e o empresariato vigora uma constante osmose; isto é, ambas as camadas se fundem, no essencial para a prossecução dos seus interesses, repartindo o produto do saque da população e, colocando esta em permanente estado de letargia política.

Essas decisões envolvem, em regra, um órgão corporativo, no âmbito de uma concertação social, onde participam os dignitários do regime através de siglas tão pouco respeitáveis como parca é a sua representatividade; nem os patrões, nem os sindicatos e, menos ainda, um fantoche referido como UGT passam por ser estruturas verdadeiramente representativas. Um mundo de fantasmas ao qual os media emprestam uma falsa relevância.

Vive-se num país de faz de conta, onde o vazio é mascarado com siglas. Esse vazio apresenta-se no atual regime pos-fascista, tal como surgia durante o fascismo, cujas instituições se derreteram rapidamente depois de 25 de Abril pois, na realidade, não passavam de simples siglas; fossem as corporações patronais, com designações compridas e pomposas, fossem as instituições ditas sindicais, salvo algumas excepções que surgiram durante a chamada “primavera marcelista”.

O Estado e os media é que dão substância à classe política, com entrevistas, fotos, comentários, debates e a presença nas notícias dos seus conteúdos vazios, frases tontas e repetidas; a gravata eleva-os, dá-lhes o estatuto de dignitários, de mandarins. A intervenção no tempo do fascismo era semelhante mas, não era tão frequente, nem os mandarins tinham a notoriedade mediática de hoje; eram mais discretos, gostavam mais de mostrar obra, de aproveitar inaugurações, cortes de fitas, com a claque dos dignitários a bater palmas; e, claro, também metiam algum no bolso...

Salazar e Caetano faziam poucos discursos mas eram pensados e coerentes; os toscos elementos da classe política do pos-fascismo são apenas papagaios, ávidos de tempo de antena, da presença de um microfone ou câmara da imprensa (tão prostituída hoje, como durante o regime fascista) – mesmo que seja no jornal da paróquia - para ganharem alguma notoriedade.

Atualmente, os deputados da paróquia anseiam cumprir três mandatos no areópago de S. Bento (12 anos) para aceder a uma remuneração interessante até ao final da vida; e, por sorte ou bajulação, podem aceder a um cargo governamental ou ainda, ingressar numa empresa interessada em ter no seu seio um informador do meio empresarial próximo e uma ponte para o ambiente governamental.

Atualmente essa gente limita-se ao verbo oco, centrando-se num discurso economicista entre investimento, percentagem do PIB, inflação, emprego/desemprego, atentos ao que sopra da UE para apresentarem uma âncora aceitável para o seu discurso. A esses elementos juntou-se recentemente a referência constante da Ucrânia e da guerra que assola o país, cujo conhecimento em Portugal passou, de praticamente nulo para totalmente distorcido, de acordo com a visão do Pentágono e do ausente Biden.  

Só alguém muito distraído, ignorante ou, com propensão à corrupção poderá tomar como democrático, o modelo vigente de representação, típico do que chamamos “democracia de mercado”.

As situações que contemplamos naquela definição baseiam-se num quadro em que há uma classe política, fechada, constituída por grupos partidários que concorrem entre si por lugares ditos de representação da população; o que é uma total falsidade, como adiante referiremos. Fixa-se também, um quadro em que a classe política funciona como um grupo fechado que controla a massa fiscal e, que encavalita os seus membros em cargos públicos para o desempenho de ações de lobbying, junto do empresariato, numa total promiscuidade público-privada.

A presença na AR de gente de vários partidos inclui uma rígida hierarquia., tudo se centrando no partido-estado PS/PSD, sendo os restantes, participantes secundários, animadores do espetáculo. Estes últimos nem sequer cumprem a rotina de caudatários num cortejo; são somente, as penas que enfeitam os chapéus dos oligarcas e que apresentam perante a plebe a falsa esperança de que possam alterar alguma coisa no putrefacto e tradicional statu quo do país mais pobre e, com menos instrução da Europa Ocidental, como atrás referimos. A consolidação da situação vigente nas últimas décadas conduziu a que nos campeonatos eleitorais se revelem margens enormes de abstenção, por parte de quantos têm consciência da inutilidade prática de participar nas liturgias encenadas para a perenidade do regime pos-fascista.

2 - O modelo de representação

O regime copiou um modelo de representação indireto. O eleitorado vota em partidos que, previamente, se encarregam de organizar e apresentar listas partidárias. Os elencos dessas listas – nos partidos maiores -contemplam a eleição efetiva dos primeiros candidatos mas, conveniências várias conduzem a que os figurantes na AR, sejam essencialmente indivíduos de segunda linha; e isso, porque os elementos de primeira escolha, podem ser incluídos no governo, transitar para outras funções, privadas, autárquicas, parlamento europeu, governo, etc. O elenco final presente na AR está longe de corresponder aos indivíduos eleitos, pois muitos emigram para outras funções, ficando na AR uma grande parcela de cooptados, de segundas linhas.

O modelo vigente é profundamente oligárquico, uma vez que um indivíduo isolado, não tem possibilidades de concorrer a um lugar de representação das pessoas que vivem na sua circunscrição eleitoral; terá sempre de se candidatar através de um partido que, naturalmente, é o elemento incontornável para essa candidatura. E, como os partidos são estruturas fortemente hierárquicas, com lideranças bem firmadas, qualquer candidato terá sempre de se enquadrar numa lista, após um acto de submissão ao gauleiter partidário.

3 - Ideias sumárias para a criação de um modelo de representação democrático

 

a)     Cada residente tem o direito de voto e o de ser votado, para qualquer instância de representação. Cada estrangeiro depois de cinco anos de residência no país pode, igualmente, concorrer a qualquer cargo de representação.

 

b)    Cada eleito tem uma limitação para o número de mandatos; digamos, dois mandatos. Não tomamos como conveniente nem democrático uma carreira política; há, pois, de garantir uma representação aberta a todos e não um funcionalismo duradouro para uns poucos.


c)     Não se admitem listas candidatas para qualquer função de representação porque constituem porta aberta para conluios e constituição de mafias. Há apenas candidaturas individuais integradas em órgãos plurais, por tempo bem determinado.

 

d)    Qualquer representante eleito pode ser demitido por referendo entre os eleitores da circunscrição que o elegeu;

 

e)    Total ausência de mordomias e imunidades para os eleitos; apenas o direito a uma remuneração adequada e ao pagamento dos gastos nas funções desempenhadas;

 

f)      A representação externa e formal do país cabe ao Presidente da Assembleia da República, com a extinção da função de presidente da República;

 

g)     Os membros do governo são escolhidos entre os eleitos para a Assembleia da República, que se manterão como deputados, com direitos e obrigações como todos os outros; 

 

h)    Os lugares na Administração Pública são preenchidos por concurso e os seus ocupantes não podem ser apeados pelo governo, a não ser em casos de crime ou falta grave, com a decisão a caber à justiça.

i)      O referendo é um instrumento democrático de decisão, com prévia discussão pública e, por iniciativa da população - a nível local, municipal, regional ou nacional. 

 

4  - Um quadro geopolítico democrático

 

a)     União dos povos da Europa, sem fronteiras, taras isolacionistas ou, hegemónicas.

 

A criação dos estados-nação, na Europa (sec. XVI/XVII), correspondeu à necessidade das respetivas burguesias em garantirem a segurança na fronteira e a aceitação pelos respetivos povos da superioridade política e económica das suas camadas mais ricas. Essas camadas privilegiadas acharam-se com o direito de exigir ao povo – em nome da pátria – um esforço de guerra, com a incorporação na tropa e, a aceitação de um hino e uma bandeira como instrumentos de integração do povo, às ordens do poder político e económico.

 

b)    Pretende-se uma Europa vocacionada para a satisfação das necessidades dos seus povos e não para o “mercado”; e, com lógicas de solidariedade e não de competição, fora da tutela de potências hegemónicas ou, da paranoia do crescimento infinito do PIB.


c)     As decisões sobre as necessidades coletivas devem ser tomadas pelos seus diretos interessados e não emanadas de diretórios partidários. 

 

d)    A exclusão face a quaisquer alianças militares, com a concomitante extinção das Forças Armadas exige apenas, no quadro atual, a existência de meios para o controlo da Zona Económica Exclusiva.

Só alguém muito distraído, ignorante ou, com propensão a compadrios corruptos poderá subscrever como democrático, o típico modelo de representação a que chamamos “democracia de mercado”. As situações que contemplamos nesta definição baseiam-se num quadro em que há uma classe política, constituída por grupos partidários que concorrem entre si por lugares ditos de representação da população, o que é uma total falsidade. Um indivíduo, isolado, não tem possibilidades de concorrer a um lugar de representação das pessoas que vivem na sua circunscrição eleitoral. Pretende-se um sistema oligárquico em que muitos pagam para que uns poucos gozem a festa e ainda levem petiscos para casa.

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